Es, sin duda, la mimada oficial de la casa, y ella lo sabe. Desde el bostezo más perezoso hasta el estirón más dramático, cada movimiento es pura ternura que nos desarma. ¿Qué si se lo merece? Absolutamente todo. Se ha ganado ese estatus de realeza con caricias, miradas profundas y una lealtad incondicional.
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