Oreo crece cada día, y con él crece también esa presencia que lo hace único. Hoy lo hemos visto en una de sus poses más impresionantes: firme, sereno, con la mirada al frente y esa elegancia natural que solo los grandes perros poseen. A pesar de ser aún un cachorro, ya se intuye en él la nobleza y la fuerza de un auténtico San Bernardo.

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